sábado, 11 de octubre de 2008

::De lo normal y lo patológico al

NOEMÍ BALESTRAZZI
“La enseñanza del psicoanálisis no puede transmitirse de un sujeto a otro sino por los caminos de una transferencia de trabajo”.
Jaques Lacan
Acto de fundación de la Escuela , 21 de junio 1964


Es este el producto, el nuevo sentido, el efecto que surge luego de la experiencia del trabajo realizado en el cártel que el saber sobre lo normal y lo patológico nos había convocado.
Hablo de experiencia, en tanto a huellas, en tanto marcas que el dispositivo deja en el sujeto más allá de los argumentos y contenidos planteados. Si bien, el deseo de saber, como todo deseo, es deseo del Otro.
No en vano me llamaba la atención siguiendo esa expresión de Lacan que lo normal y lo patológico habitaran la obra de Freud. Pero… ¿En qué sentido?
Busqué, atada a cierta filosofía, la esencia, el concepto de estos términos y encontré construcciones y discursos. Construcciones en tanto tienen un tiempo, y discursos que ponen en lo que enuncian un poder en juego.
El discurso de la modernidad en aras de orden y progreso inventa la norma, marca y señala lo diferente y se sirve del poder del discurso médico y del derecho, para que el primero, indique lo negativo, lo patológico y encierre o medicalice y el segundo erigiéndose en amo del deber ser corrija, sancione o penalice.
Canguilhem en lo normal y lo patológico dice que lo anormal como anormal es posterior a la definición de normal. Sin embargo es la precedencia histórica del anormal futuro la que genera la normativa.[1]
Lo normal y lo patológico fluctúan, son invenciones de la cultura, esa cultura que se nos impone y a la que damos respuestas, respuestas a las que el amo de la época llamará normales o patológicas, pero no hay que dejarse engañar como no lo hizo Freud con sus histéricas aunque encerraran esa pregunta que continuó siendo un enigma para él, pero, ¡Vaya respuesta que nos dio!, nada menos que el psicoanálisis; que paradojalmente no deja ser un producto de la cultura.
No se escapa a un buen lector que cultura y respuesta insisten en este escrito, es que ha surgido en mí un nuevo interrogante, ¿Sobre cuáles son los síntomas que la cultura genera por si misma y si en la época actual, hipermodernidad, postmodernidad hay síntomas nuevos o enfermedades socioculturales?

Comencemos por descifrar de qué hablamos cuando hablamos de cultura:

Según Frances Cardona en su libro sobre mitología griega es Prometeo, el héroe de la civilización , afirma esto basándose en el relato de Hesíodo sobre el mito en el que Prometeo, hijo del Titán Japeto actúa como héroe civilizador, al igual que Osiris en Egipto, cuando a sabiendas de que incurría en el cólera de los dioses y en especial de Zeus, robó el secreto del fuego y lo enseñó a los mortales, que pudieron cocinar la carne, dedicarse a la forja de metales, calentarse del frío y defenderse de las fieras. Prometeo en alianza con los hombres que habían sido castigados, se distancia de los dioses llevándose de Hefesto las semillas del fuego en un ánfora o tallo de caña, y fue por eso puesto por los hombres en una posición que superaba la de los Dioses.[2]
Según la antropología, “La cultura es la trama de significados en que los seres humanos interpretan su existencia y experiencia, así mismo como conducen sus acciones; en tanto que la estructura social (sociedad) es la forma que asume la acción, la red de relaciones sociales existentes.”[3]
Pero es en el texto El malestar en la Cultura, texto que tomo como eje en la ejecución de este trabajo, ya que es una obra riquísima de contenido para mí aunque le parezca a Freud exponer cosas ya dichas, “repetir”, donde define a la Cultura como “la suma de producciones e instituciones que distancian nuestra vida de nuestros antepasados los animales y que sirve a dos fines: proteger al hombre contra la naturaleza y regular las relaciones de los hombres entre sí.”[4]
Podemos concluir entonces que la cultura permite al hombre avanzar sobre la naturaleza haciendo su vida más placentera.
Sin embargo le cuesta al hombre alcanzar la dicha, que siguiendo el texto tomado de referencia entendemos a la dicha no como un estado, sino un vivenciar intenso de sentimientos de placer y por eso la felicidad sólo es posible como fenómeno esporádico, como un relampagueo, además de precisar su carácter puramente subjetivo. Cita Freud a Goethe para explicar esto cuando dice que “nada hay más difícil de soportar que una sucesión de días hermosos”.[5]
La cultura entonces, ocasiona desdicha porque se nos ofrece como premio a cambio de la renuncia pulsional, imponiendo sacrificios a la sexualidad y a la hostilidad natural de los seres humanos. Y porque la filosofía política afirma que en los hechos y testimonios de civilización no hay vínculo social estable y en su lugar “hay síntoma”.
Es el síntoma, la expresión subjetiva del malestar, del sufrimiento y es perjudicial para la vida en tanto implica un gasto de energía.

Pero, ¿De qué hablamos cuando hablamos de síntoma?


En un primer recorrido por la obra de Freud, en el análisis de Dora, una histeria de conversión nos dice que un síntoma corresponde a varios significados, no sólo simultáneamente, sino también sucesivamente y que su significado puede variar.
En la 17ª conferencia expresa después de hacer resaltar sus diferencias con la psiquiatría, que es el psicoanálisis quien descubre y comprueba en los tratamientos que “el síntoma es rico en sentido y se entrama con el vivenciar del sujeto”.[6]
En la conferencia 23 al hablar de los caminos de la formación de síntoma nos dice que “los síntomas neuróticos son el resultado de un conflicto que se libra en torno de una nueva modalidad de la satisfacción pulsional. Las dos fuerzas que se han enemistado vuelven a coincidir en el síntoma; se reconcilian, por así decir, gracias al compromiso de la formación de síntoma”.[7] La libido insatisfecha tiene que buscar otros caminos.
En la segunda tópica, en inhibición, síntoma y angustia, muestra al síntoma como una ganancia de la enfermedad que presta a la neurosis obsesiva una satisfacción narcisística y en el caso de la histeria el síntoma se vuelve cada vez más indispensable para el yo y permite disminuir las exigencias del mundo exterior y del superyo.
Y puede concluir que la angustia, como variedad tópica del sentimiento de culpa, se hace un lugar detrás del síntoma.
También en la primera parte de la enseñanza de Lacan el síntoma tiene que ver con lo reprimido .El síntoma es una metáfora que supone un inconciente, fundado en la represión primordial.

Después de recorrer breve y separadamente los caminos de la cultura y el síntoma especialmente en la obra de Freud, y volviendo a la guía del malestar en la cultura, podemos decir que cultura y síntoma se dan cita en” la neurosis”.
Si tomamos conceptos fundamentales podemos decir que hay pulsiones sexuales reprimidas, que buscan en los síntomas satisfacciones sustitutivas, que tienen un sentido en relación con lo inconciente que lo determina.
La neurosis promete al menos satisfacciones sustitutivas, uno de los calmantes del sufrimiento humano además de sustancias embriagadoras y las llamadas distracciones.
En la histeria los síntomas son conversivos en cuanto pasan al cuerpo, en la neurosis obsesiva la inhibición, el sentimiento de culpa, la duda, la postergación del acto y el eterno ceremonial neurótico son fruto del orden, y la limpieza que normaliza la cultura.
Pero lo que más preocupa a Freud son los síntomas que producen los sufrimientos que provienen de la fuente social, con la cual parece su persona tener serias dificultades, tanto con el sentimiento oceánico que nos une con el todo, como con la norma de amar al prójimo. Si bien los seres humanos se unen en razón de una pulsión erótica, la hostilidad, la agresión, se introyecta, vuelve al yo, y castiga a través del superyo. La cultura nos engaña a través del superyo, que se alimenta de la pulsión de muerte.
Philippe Julien en un punto que llama el retroceso de Freud dice que Lacan va a avanzar aquí donde Freud tropieza cuando no comprende la malignidad del superyo señalando que lo verdaderamente escandaloso es la maldad del prójimo.
El desarrollo cultural utiliza los mismos medios que el individuo en su constitución, “¿no se esta justificado en diagnosticar que muchas culturas han devenido neuróticas bajo el influjo de las aspiraciones culturales?”[8]
Huelga responder que la cultura no es analizable, nadie posee semejante autoridad, además cómo lograr la transferencia sobre una comunidad de la que forma parte?
Respecto a esto Sibony en un malestar totalmente distinto en la cultura no nos habla de neurosis sino de perversiones, de renegación y especialmente de fetichización.
Para este autor ya no hay sacrificios sexuales porque se ha soltado demasiada rienda y ya no hay qué transgredir. Sitúa el problema en la pulsión de vínculo en cuanto soy, en tanto que pertenezco a tal grupo, que funciona como individuo.
“la pulsión de vínculo es el impulso de pertenecer y capturar, de atar y atarse, de establecer relaciones sociales, grupos, instituciones, capillas, religiones, pequeñas totalidades hostiles, islotes narcisistas aferrados”[9] Adopta como formas, repliegues narcisísticos, clanes, inserciones, desinserciones , etc.
El impulso perverso de un grupo es fijar al Otro todo lo que se pueda, fijarlo a muerte hay idea de asesinato, pero muy distinta al del asesinato del padre.
La cultura, para este autor es perversa, ¿será porque es un tiempo distinto al de Freud?

¿Podremos aventurarnos a decir cultura nueva, síntomas nuevos?

Cultura nueva, cultura actual, cultura de transición entre la modernidad y la postmodernidad, hipermodernidad; una cultura que se apresura a romper con el pasado, tal vez porque el pasado es demasiado viejo.
Una cultura, según Miller en el texto el inconciente es político que se afloja, y saca de escena el mecanismo de la represión por lo que no se podría hablar ya de síntoma en el sentido freudiano.

Una cultura que valora lo joven.

En cuanto al valor de lo joven, tomo palabras de Graciela Ruiz en Jornadas anuales de la EOL donde hace referencia al síntoma que encuentra su expresión en el rechazo a envejecer; el sujeto se angustia en el camino de no convertirse en un objeto obsoleto, que tiende a desaparecer y como J.A.Miller menciona, esta exigencia superyoica, es siniestra y precisamente se relaciona con la muerte.
Pero respecto a esto quiero detenerme y hacer referencia a un texto de Paula Sibilia, el hombre postorgánico, que presenta el proyecto faústico, en cuanto a su pacto con el diablo y que va más allá del mito de Prometeo que comentamos en el origen de la civilización, explica aquí que “el arsenal tecnocientífico se puso al servicio de la reconfiguración de lo vivo, en lucha contra el envejecimiento y la muerte, ya no basta con realizar retoques y mejoras cosméticas”.[10] Se trata de ir más allá del tiempo humano, donde se ponen en juego los límites de la vida y la muerte .El proyecto genoma humano y la computación a través de la inteligencia artificial que permitirían continuar existiendo como una mente sin cerebro. Habrá aquí que abrir la pregunta de la ética y el sujeto.

Una cultura que exige andar.
Me sirvo aquí de un texto de P.Julien donde hace una cita de Heidegger que expresa “la ausencia de pensamiento es un huésped inquietante que se insinúa por doquier en el mundo de nuestros días.”[11]
El hombre de esta cultura hace sin pensar por qué, se mantiene en un continuo hacer y asido a una carrera interminable anda sin parar, sin interrogarse por el ser; me hago eco aquí de unas palabras de las últimas jornadas de psicoanálisis en Rosario que hacen referencia a las publicidades que insisten en que todo es posible, el dolor para vos no, hacelo ya y en las que poco importa el producto de venta. Entiendo que el efecto que se persigue es borrar al sujeto. El sujeto queda forcluido, se producen así acciones insensatas, expresión de conductas sacrificiales, actuaciones inconducentes, pero no hay actos con efecto sujeto, que permita al sujeto hacerse cargo, el vértigo en el que se halla y la velocidad de la vida le quitan la posibilidad de inscribir su propio relato.
Una cultura con síntomas nuevos
Todos los síntomas son nuevos en psicoanálisis en tanto creación del sujeto del inconciente, hay una articulación que el sujeto hace con el síntoma, que se devela en el análisis, ya que el síntoma tiene un sentido.
Pero no podemos por eso hacer oídos sordos,” los más decididos a escuchar ”a la bulimia , la anorexia, el alcoholismo, la violencia, que son expresiones del consumo, de una sociedad capitalista, del puro goce, de la falta de ideales representativos que hacen declinar la función de la ley, del todo sí .Que son expresiones del discurso de la cultura de la época, no hay una nueva cultura ,sino que la cultura transita una época que tiene exigencias y debilidades propias.
Me atengo para esto al texto de Mario Pujó, patología de época , donde define a ésta siguiendo a los maestros del psicoanálisis como aquella “que representa una respuesta singular y elaborada en determinado contexto histórico por la civilización a lo que Lacan formula como ausencia de relación sexual , entendiendo por tal a la maldición que recae privilegiadamente sobre el sexo a partir del hecho de hablar, el trastocamiento que el lenguaje induce en el animal humano, alterando toda presumible relación natural del sujeto con los objetos del mundo, con el mundo mismo y, en particular, con el sexo”.[12]
Esta época entonces, siguiendo al citado autor se aparta de la forma neurótica del síntoma, hay formaciones de goce en tanto se busca una satisfacción autoerótica, adictiva e individualizante. El goce es proclamado un ideal, el entramado simbólico de la comunidad en la que el sujeto se encuentra se diluye, se esfuma y la comunidad misma es amenazada en tanto se rompen o desconocen los pactos sociales, entre ellos la prohibición del incesto.
Para concluir, reconstruyo lo andado, la neurosis parece ser la respuesta “normal” a la cultura, o todos somos enfermos; la cultura deviene neurótica y los intereses tanáticos que obtiene el superyo los deposita en la cultura actual que responde hoy con los límites y bordes de la neurosis. La cultura, la civilización, el lenguaje, el Otro social, el de ayer, el de hoy nos ponen en contacto con la castración, podemos dar respuestas y” ser” o abandonarnos al goce.
Siento que queda mucho por decir, tuve la sensación de entrecruzar varios caminos, pero regresé a la carretera principal, y ví su nombre,” Psicoanálisis”.

Bibliografía
Cardona, Frances L., Mitología griega, Colección Olimpo, Edicomunicación S.A,Barcelona 1996
Freud, Sigmund, El malestar la Cultura,19271931 , Sigmund Freud obras completas,T.XXI , Amorrortu editores, Buenos Aires 2006
Conferencias de introducción al Psicoanálisis, 1915,Sigmund Freud Obras Completas,T.XV, Amorrortu editores,Buenos Aires 2006
Conferencias de Introducción al Psicoanálisis,1916, Sigmund Freud Obras Completas,T.XVI, Amorrortu editores,Buenos Aires,2006
Inhibición,síntoma y angustia,1929, Sigmund Freud Obras Completas,T XX, Amorrortu editores, Buenos Aires, 2006.
Julián,Philippe, Psicosis, perversión y neurosis,la lectura de Jaques Lacan,1ª edición,Amorrrtu editores,Buenos Aires,2002
Lacan, Jaques,Acto de fundación,sección psicoanálisis aplicado,1964
Pujó, Mario, Patología de época en Psicoanálisis y el hospital ,Nª24 ,2003
Sibilia, Paula , El hombre postorgánico, Fondo de cultura económica, Buenos Aires,2005.
Sibony, Daniel, Un malestar totalmente distinto en la cultura, en Perversiones, Diálogo sobre locuras actuales, , Editorial Siglo XXI





[1] Canguilhem George, Lo normal y lo patológico, edit. Siglo XXI, citado por Raquel Capurro en Revista Querencia Nª2,abril 2001.Secciones temáticas
[2] Cardona, F. Mitología griega ,colección Olimpo, Edicomunicación SA, Barcelona,1996, pág.151.
[3] Clifford, Guertzs, American Anthropologist, vol 59, 1957
[4] Freud, S.Obras Completas, El malestar en la cultura, 1930, Tomo XXI Amorrortu editores,Buenos Aires,2006,pág. 88
[5] Idem., pág.76
[6] Freud, S, Obras Completas, Conferencias de psicoanálisis,17ªconferencia, Elsentido de los síntomas, T.XV,Amorrortu editores, Buenos Aires,1996, pág.235
[7] Freud, S, Obras Completas,23ª Conferencia de introducción al psicoanálisis, TXVI,Amorrortu editores,pág.326
[8] Freud,S. El malestar en la cultura, op. cit. Pág.139
[9] Sibilia, P, El hombre postorgánico, Fondo de Cultura económica, Buenos Aires, 2005, pág. 53
[10] Sibony, D. Un malestar totalmente distinto en la Cultura, Perversiones, Siglo XXI, pág. 260

[11] Julien, P; Psicosis, perversión, neurosis ,Amorrortu editores Buenos Aires, 2002, pág.31
[12] Pujó, M. Psicoanálisis y el hospital, Mal de época, Año 12-Nª 24, 2003pág. 13.

3 comentarios:

aldana dijo...

Noemí, muy interesante tu trabajo sobre el síntoma en la cultura.
Gracias

noemi dijo...

comentario

Mauricio Emilio dijo...

Hola Noemí: comparto tanto el interés por la temática, como el trabajo que fue fruto de ese interés en tu caso (que aburrido que opine eso, se supone que el psicoanálisis apunte a la diferencia, pero qué se le va a hacer, a mi me complació mucho tu escrito). Si algo nos permite pensar (al menos a mi) la afirmación de que el sujeto es en el otro, con el otro y sin el otro, es que lo cultural, historico, epocal es parte fundamental de esa alteridad que constituye y determina. No puedo pensar una patología psiquica que no funda sus raices en esto, ya que es aqui donde, en ultima instancia, el sujeto, como objeto, se encuentra (o se pierde)en el discurso del Otro. Gracias por tu trabajo