jueves, 9 de octubre de 2008

::¿Qué es lo que se juega en la clínica con niños?

MADELEINE MAIDA RE
A partir de la propuesta del dispositivo del cartel como modo de trabajo respecto del interrogante sobre la clínica con niños, pudimos cada uno plantearnos nuestras propias preguntas acerca de la misma. Un trabajo conjunto, articulando la posición subjetiva de los miembros con una temática particular.

La clínica con niños se presenta con una multiplicidad de puntos de abordaje, para poder dar un cierto encuadre, como grupo, decidimos comenzar trabajando con la pregunta por las entrevistas preliminares, a partir del interrogante de quién es el que demanda. ¿Es un psicoanálisis de niños? ¿Hay pregunta? ¿Hay una implicación de ese niño con lo que le sucede? ¿Es el niño un síntoma de una determinada estructura familiar? ¿Cuál es la distancia que soporta ese niño con la familia misma? ¿Qué es lo que sucede en el análisis de un niño? ¿Cómo se trabaja?

Luego trabajamos textos en los que se trataba sobre la transferencia en la clínica con niños. Partimos pensando la transferencia como valor constructivo, en la que el sujeto construye, junto con la figura del analista, otra versión, para poder producir una lectura diferente, y crear una nueva posición subjetiva. Como una re-lectura (un leer de manera diferente), y permitir con esto que se creen nuevos síntomas. Es más allá de revivir, sino resignificar lo vivido. A partir de esto, nos preguntamos cómo es la clínica con niños, es decir, qué se hace en esa clínica, ¿el sujeto, habla, juega? ¿Hay interpretación?

Al trabajar con textos sobre las entrevistas preliminares, se me permitió abrir una pregunta respecto de estas, ¿quién es el que demanda? ¿En la entrevista con los padres cómo se articulan sus decires con lo que le sucede al niño? ¿Qué lugar ocupa el juego, no sólo para el niño, sino en la consulta?

A partir del recorrido efectuado, respecto de las primeras entrevistas, podemos plantear que no sabemos por quién se consulta, de dónde parte la demanda. Al ser los padres quienes piden la consulta hay que considerar que estos están implicados en aquello de lo que hablan, que a la vez están pidiendo algo para ellos mismos. A la vez el motivo de la consulta puede ser diferente para cada uno de los padres y también diferente de la del niño mismo. Por esto es importante permitir que se abran las preguntas, y que ese niño pueda encontrar su propia pregunta respecto de lo que le sucede. Tiene que ver con la propia posición respecto de aquello por lo que se consulta, que no siempre puede ser simétrico entre lo que los padres piden y lo que ese niño pide. Es la cuestión de la demanda, cómo esta se ubica.

Me parece que es importante conceptualizar la demanda como tal, porque a partir del psicoanálisis adquiere un estatuto diferente. Por empezar, la demanda está íntimamente vinculada al deseo. A diferencia de la necesidad (necesidad que es animal), que esta está en relación directa con su objeto, para el hablante esta relación está perturbada, porque la demanda tiene que pasar por la palabra; es incapaz de ejecutar las acciones específicas que satisfarían sus necesidades biológicas, y entonces tiene que expresarlas, con demandas, para que el otro, en este caso, la madre, realice aquellas acciones. Ahora, toda respuesta a una demanda implica lenguaje, es una articulación significante, y el sujeto quedará a merced de la lectura que haga el Otro de su demanda, de su interpretación. En esa demanda, se pide, no solamente el objeto de la necesidad, sino que, a la vez, hay una demanda de amor. Más allá de lo particular de cada demanda, se perfila ese pedido de incondicionalidad, que es pedido de amor. El Otro no podrá responder a esta demanda incondicional de amor, y esta diferencia entre la necesidad y la demanda, engendrará el deseo. Es imposible de satisfacer, por lo que persiste como un resto, y este resto es lo que constituye el deseo. En toda articulación de la demanda, cae ese resto, el objeto a, que es lo que no se articula en toda articulación significante. Este objeto es objeto causa del deseo. Es objeto metonímico, no es identificable a un único objeto, no es fijo ni se lo puede encontrar, porque justamente lo que lo constituye como tal es que se va desplazando. Tiene que ver con reencontrar algo perdido, algo que en realidad nunca se tuvo. Es ausente. Entonces, cuando hablamos de una demanda, como por ejemplo de una demanda de análisis, estamos refiriéndonos a que habrá algo más allá de lo que se está pidiendo con la palabra, y que remite al deseo. Esta demanda al estar articulada por la palabra, no podrá dar cuenta de lo que realmente se está pidiendo en ella, y por este motivo, en la demanda, hay que escuchar ese más allá. Para que haya análisis es preciso que la demanda esté del lado del analizante, esta demanda es su punto de partida, y lo que se pretende es poder dar cuenta de la paradoja del deseo.

Si pensamos en las primeras entrevistas, el niño llega al consultorio del psicoanalista porque los padres lo llevan, son ellos los que inicialmente hacen una demanda, tienen inquietudes. Alba Flesler[1] plantea que son los padres los que consultan en el límite de su función y le dan un supuesto saber de niños al analista de niños, allí donde ellos no se sienten capaces de sostenerlo. La autora plantea que hay que “devolverlos a su función”, y que la cura estaría terminada con el niño y sus padres puedan retomar esta constitución del Otro entre ellos, sin el analista.

Por esto, es importante ver en qué lugar está el niño en el discurso de aquellos que hacen la consulta, en el discurso del Otro, y distinguirla del síntoma del niño. Esto es necesario para poder romper con la consideración de que lo que al niño le pasa es una prolongación directa de lo que se escucha en el discurso de los padres. Si bien podemos pensar que lo que le pasa a ese niño está relacionado con el decir de los padres, es necesario escuchar qué le sucede al niño, a él, su propio sufrimiento, más allá del planteo de los padres.

Siguiendo a Mannoni[2], podemos pensar que este niño, a quien se lleva a la consulta está situado en una familia, soporta también el peso de la historia de sus padres. Está inscripto en una estirpe familiar de acuerdo con ciertas leyes. El análisis mostrará la relación de este sujeto con las leyes, en la cual se asume una significación que determinará el tipo de relación que se establecerá con el otro.

Entonces, en las entrevistas preliminares se pone en juego poder escuchar qué lugar ocupa el síntoma del niño en la economía familiar y fantasmática, es qué lugar ocupa ese niño en la fantasmática materna y paterna, que lo aprisionarían. Se crea un sitio en el que se debe posibilitar un lugar para abrir una diferenciación entre demanda y deseo, para que el niño no quede bajo esa queja paterna (o también la posibilidad de que se le suponga un determinado síntoma), para que puedan surgir las preguntas por la posible responsabilidad de cada uno en los problemas que están aquejando al niño. Es importante que el niño pueda hablar de su sufrimiento, sobre qué le pasa a él, más allá de lo que digan los otros (su familia). A la vez que surja la implicación sujetiva, y las preguntas por esos problemas que lo aquejan. Por esto es importante que el niño pueda hablar de su sufrimiento, sobre qué le pasa a él, más allá de lo que digan los otros (su familia). Es necesario que se pueda crear este espacio, un espacio propio donde se permita la palabra, donde estas preguntas surjan, que indiquen que hay un saber no sabido, que se instale la transferencia, sino no hay tratamiento posible.

Alba Flesler[3] plantea que la pregunta lo que revela es una falta, una falta de saber. Esto, a la vez permite una ganancia, gracias a esta falta se puede ir tras una búsqueda hacia un nuevo saber. Es fundamental permitir que se abra ese nuevo espacio, el espacio de la pregunta del niño, que posibilitará la instalación de la transferencia y el lugar al saber de ese niño, más allá del de sus padres.

Mannoni propone la entrevista con el psicoanalista como un encuentro con uno mismo, porque tiene que ver con el propio lugar del sujeto, en el que se permitirá un espacio que dará lugar a que la palabra sea. Desde esta postura, podemos pensar la importancia que tiene poder separar aquello que llevan los padres a la consulta y aquello que plantea el niño en la consulta. Es en el trabajo con ese niño, en su propia palabra, sus decires, sus juegos, en donde se estará jugando lo que realmente le sucede a ese sujeto. Que si bien estará ligado a la problemática familiar en la que se está jugando, se debe enfocar a lo que ese niño tiene para decir. Lo que se dará es el surgimiento de este niño como ser autónomo, “no alienado en los padres”[4].

Respecto a la pregunta por el juego, el planteo parte de que “el niño emerge y se constituye jugando”[5], el niño mismo es en el jugar. Este es constitutivo porque permitirá que la constitución subjetiva se vaya dando a medida que se juega. Rodulfo plantea que en medio del jugar, el niño no solamente se constituye un cuerpo, sino que también, esta actividad lúdica estará impregnada de sexualidad. A medida que esta entre en el campo del juego, el niño podrá ir apropiándosela. “…si la sexualidad queda disyunta del jugar no se integra a la vida”.[6] Al jugar se hace un cuerpo y conquista un lugar, y las operaciones simbólicas se harán jugando. Permitirá que se den marcas, que darán lugar a la constitución subjetiva de ese niño.

Freud toma el juego del fort da que hace el niño, para plantear la repetición. En esta el niño intenta inscribir algo, volviendo sobre el mismo lugar, aunque nunca de la misma manera. Un re-inscribir experiencias, que tiene que ver con su relación con los otros, con sus padres. Lo que este niño vivió y vive será re-significado cada vez con el juego, y a la vez dará lugar a las fantasías, a poder ubicarlas para ir re-actualizándolas en cada juego. También mostrará las identificaciones que van tomando lugar. Es en ese ir y venir del carretel, que se irán dando marcas subjetivas. Esto remite a la constitución misma del niño como sujeto, así, se irán dando todas estas operaciones de constitución y las primeras actividades simbólicas del niño. Es a modo de una escritura que se hace en el juego, que es posible de ser leído por el analista, son intentos de escritura y re-escritura. Rodulfo plantea que se dará como una cuestión de “lugar”, dos mitos estarán determinando su posición subjetiva: el de Edipo y el de Narciso, que se estarán encarnando en el jugar, por esto plantea que “jugar es lo único serio que hay”[7]. El mito aparece siempre ante la falta de algo, y es una respuesta a una pregunta que esta falta provoca. Estos mitos se encarnarán primero en el cuerpo materno (en las prácticas de la crianza, en los cuidados). Rodulfo define el jugar como producir significantes que puedan representar a ese sujeto, y el material para producir esos significantes estarán dados en el mito familiar, el niño deberá extraerlos, arrancarlos, y estos dejarán sus marcas. La función del analista muchas veces puede ser o ayudar a un sujeto a producir esos significantes que lo representen, o ayudarlo a que se libere de un significante que lo represente demasiado.

Podemos pensar en el juego como un modo de trabajo en la clínica con niños. El juego es un hecho de discurso, y por lo tanto es posible de ser leído. Se lee un juego, un dibujo, un decir. El trabajo de la clínica con niños se puede dar a partir de estos (del juego, el dibujo, el hablar), y que el analista debe interpretar del mismo modo que el relato de un sueño o un síntoma, no tomando en consideración lo que ve o parece, sino desde una dimensión enigmática, absteniéndose de dar un sentido a aquello que ve en ese dibujo. Este es un jeroglífico, debe ser leído, pero su significación en principio se desconoce, y se tendrá que dar como una construcción.

Para pensar qué es el juego, cuál es su función y por qué es una actividad tan importante en la vida del niño, recurrí a Winnicott, que plantea que todo lo que sucede en el juego, en realidad, se ha olido, sentido, tocado antes. Si bien el juego es creación, es una producción subjetiva en que los materiales ya fueron dados, que se vivieron experiencias con ellos, que permitieron una nueva vuelta por ellos, pero de una manera diferente.

Winnicott propone el concepto de objeto transicional, siendo este la primera posesión no-yo del niño, la primera utilización del símbolo y la primera experiencia de juego. Este objeto es un símbolo de la unión entre el bebé y la madre, o parte de esta. El uso de este simboliza la unión de dos cosas que ahora están separadas, por eso este objeto es la primera posesión no-yo, de algo diferente de él pero a la vez de cierta manera unido a él. Es una transición entre el yo y el no-yo. Del juego deriva la experiencia cultural, que es ese espacio potencial entre el individuo y el ambiente (al principio es el objeto). Estas experiencias determinarán experiencias vitales, y se darán como experiencias favorables o desfavorables. Serán espacios potenciales dados entre el bebé y la madre, entre el niño y la familia, entre el individuo y la sociedad.

Esto me permitió pensar que en el juego, lo que se juega, es en relación a constituir un espacio propio, un lugar del niño, como separado. Y que se da como una construcción, y que el juego podría pensarse como sucesivas aproximaciones a este intento de constituirse como sujeto separado. Este ficcionar que el niño hace con su juego, le da posibilidad de diferentes lugares, y a la vez estos distintos del lugar que se les da en la familia. Es un lugar de desprendimiento, de diferencia. En el que el niño podrá ser algo diferente de lo planeado, pensado para él. Por esto retomo la cuestión de la posición del niño. El niño, como sujeto, ¿qué posición ocupa en la estructura familiar? ¿Qué es lo que está queriendo decir ese síntoma? Y en el juego es en donde se pueden poner a jugar estas cuestiones, para revelar algo de lo que le pasa, de su sufrimiento. Y a la vez devela algo de lo que sucede en esa estructura familiar.

A partir de este recorrido, contando ya con algunas respuestas sobre los primeros interrogantes planteados, aún más preguntas se abrieron en relación a la estructura familiar, y si habría una posibilidad de cambio en ella a partir del psicoanálisis e un niño, o es el niño el que únicamente cambiará de posición. ¿Cuál es el alcance de esta clínica? ¿Alcanza a otros, o sólo al niño? Porque tampoco podemos dejar de pensar que este niño está inmerso en esa estructura, y que cambios en su posicionamiento, producirán cambios… en otros. ¿Cuál será la relación de estos primeros síntomas del niño, con sus síntomas como adultos, con sus posicionamientos en relación a otros?

Bibliografía

- Abeles, “Estatuto del juego en el psicoanálisis con niños”. http://www.nodopsicoanalitico.com.ar/articulos/nodo%20julio08/estatuto%20del%20juego%20-Abeles.pdf
- D’Angelo, Carabajal, Marchilli “Un introducción a Lacan”. Lugar Editorial. 2003
- Flesler, “Niños en psicoanálisis”. http://www.efba.org/efbaonline
- Flesler, “El niño de Freud a Lacan”. http://www.efba.org/efbaonline
- Freud, “Más allá del principio de placer”. Amorrortu. 2006
- Lacan, Seminario IV “La relación de Objeto”. Paidós. 2005
- Lacan, “Subversión del sujeto y dialéctica del deseo” Escritos 1. Siglo Veintiuno Editores. 2005
- Mannoni, “La primera entrevista con el psicoanalista”. Gedisa Editorial.
- Rodulfo, “La introducción de los niños en psicoanálisis”. http://www.elsigma.com/site/detalle.asp?IdContenido=7100http://www.elsigma.com/site/detalle.asp?IdContenido=7888
- Rodulfo, “Clínica psicoanalítica en niños y adolescentes. Una introducción”. Lugar Editorial.
- Winnicott, “Realidad y juego”. Gedisa Editorial.
[1] Flesler, “Niños en psicoanálisis”
[2] Mannoni, “La primera entrevista con el psicoanalista”.
[3] Flesler, “El niño de Freud a Lacan”.
[4] Mannoni, “La primera entrevista con el psicoanalista”.
[5] Rodulfo, “La introducción del niño en el psicoanálisis”.
[6] Rodulfo, “La introducción del niño en el psicoanálisis”.
[7] Rodulfo, “Clínica psicoanalítica en niños y adolescentes. Una introducción”. Lugar Editorial.

2 comentarios:

aldana dijo...

Madeleine, la clínica con niños es algo que me interesa, por eso tu trabajo me gustó mucho porque te haces las mismas pregunstas que yo me hago y el recoorido es muy entendible, especialemente haciendo incapié en el valor constitutivo del juego en el niño.
Gracias

Mauricio Emilio dijo...

Hola Madeleine: me resulto muy grata la lectura de tu trabajo. Muy interesantes las puntualzaciones con repecto al abordaje de la clinica con niños...en especial la articulacion del concepto de Demanda. Gracias